Passin i vegin! Si us plau aplaudeixin!

L’onzena cançó del Només d’entrar hi ha sempre el dinosaure (2014) dels Amics de les Arts es titula ‘La dona vestigi’. Cançó que mai ha estat entre els grans hits, per cert, però escolteu-la.

En acabar l’estiu d’aquell 2014, en què sortia el quart disc d’estudi dels Amics, la galeria del meu primer smartphone estava plena de fotos amb nens i nenes negres. M’havia sortit l’oportunitat d’anar a Roquetas de Mar a conèixer la realitat de temporers i, en general, de les persones magrebines i subsaharianes (moros i negres) migrades. Avui em sento una mica idiota, perquè a vegades passa que cal fer mil quilòmetres per adonar-te que, en realitat, l’avorriment quotidià t’ha fet cega d’allò que tens a la plaça de davant de casa.

Ha plogut molt des d’aquell juliol, també dels estius següents en què, voluntariat internacional rere voluntariat internacional, anava canviat el concepte fortuna pel de privilegi. I avui sec a escriure sabent que sóc una suma d’aquests privilegis. En procés de deconstrucció, sí, però descobrir-me sobre uns fonaments plens de merda, fa mal i causa una mica de desorientació, què he de dir.

Aquests dies torna a ser titular a tot arreu. Lleida i, en general, Ponent estem al punt de mira. Tenim periodistes de tots els mitjans coneguts i desconeguts trucant a portes i telèfons, ocupant places i carrers de càmeres i micros. Això és drama, no lo de la Casanovas! Documentals, peces, articles, opinions. Fotos, moltes fotos. Mil enfocaments. Deu mil reaccions, que si no opines sembles ruc! Joder, mai havíem obert ni el comarques i avui omplim les primeres pàgines de tot arreu.

Atenció, senyores i senyors. El número que ve a continuació no el fa cap més circ al món: és tot un prodigi, passin i vegin.

És un circ.

Ara es tracta de treure el millor titular, el que atregui més visites al web, les declaracions de la persona més interessant, el negre que faci més pena (¿seguro que no quieres salir?) . Ara es tracta d’anar al racó més miserable – encara que no hi visqui ni un temporer – a fer fotos dels llocs més bruts i pestilents per poder tenir la imatge que val més que mil paraules (i hem pensat que ens hi podríeu acompanyar). Ara es tracta de que el moro digui, amb cara de tristesa, que té por i si ho pot dir davant del micro millor encara (¿puedes repetir esto?). Ara es tracta d’il·lustrar les peces amb rostres que despertin la compassió – fugaç – de l’espectador, que pensarà que fan molta llàstima i que tant de bo hi pogués fer alguna cosa (suerte que hacéis un gran trabajo, ¿eh?).

I jo, sense voler-ho del tot, em trobo de cara amb l’Anna que es feia fotos amb nens negres, dels quals no en sabia res més que la desgràcia que els intuïa, i de la qual no me’n sentia gens responsable (quina sort haver nascut on he nascut, tu!).

No tinc cap solució ni voldria caure en cap parany d’alliçonar a ningú: a mi m’ha portat alguns anys de feina descobrir que segons quins retrats de pobresa i misèria no ajuden en absolutament res ni a ningú. Igual, jo que sé, hem d’allargar la mirada, entomar la part que ens toca i actuar en conseqüència. Que la situació no és novetat: fa dècades que es repeteix.

O igual no. Igual només és enguany, que cal fer-ne notícia, perquè la injustícia no són ells dormint al carrer, sinó nosaltres en risc d’infectar-nos.

Quina meravella! Passin i vegin! Si us plau, aplaudeixin!

de melilla a almería: no soy racista (PERO)

– Eres un poco rara. No en plan mal. Digo que para ser piel pálida, quizás eres menos racista de lo que pensaba.

Era de noche y salíamos de Roquetas, camino Almería. Quizás en otro momento te habría creído, pero no entonces: me había dado cuenta en demasiadas ocasiones que el tema del racismo no era ajeno a mí. Que mi vida se encontraba demasiadas veces frente al racismo, día tras día. Y no como observadora externa, pues era agente activo, ente pensante, mente inevitablemente racista.

Muchas veces me preguntaba el por qué de las actitudes machistas por parte de personas que yo consideraba próximas a mí, informadas sobre el tema, consecuentes en sus ideales… Y, en esta ocasión, se me arrojaban miles y miles de respuestas: si yo, con mis experiencias, mis vivencias y mis conocimientos no conseguía alejarme del racismo, de las actitudes abiertamente discriminadoras y de los pensamientos que beben puramente de los estereotipos y las etiquetas, ¿cómo lo iban a hacer las personas que no habían conocido como yo, esa realidad tan cercana?

Entonces entendí que, de la misma forma que yo me sentí allí, atrapada en medio de una realidad racializada sin poder librarme de algunas concepciones que seguían escondidas muy en el fondo de mi universo, hay demasiadas personas que no consiguen ponerse, por un momento del lado de aquellas que, todavía, siguen en una posición de opresión.

Y ahora digo…

…yo, la antirracista, que, cuando se me escapaba el ferry, agradecí la actitud racista de la mujer en taquilla, que prefirió atenderme a mí, mujer blanca con pasaporte granate, que a tres hombres que estaban delante mío con pasaporte verde, al grito maleducado de “¡se han colado, primero estaba ella!”. Y asentí, y conseguí mi pase. Ellos no.

…yo, la antirracista, que subí al ferry y, ante la imagen de dos magrebíes discutiendo acaloradamente pensé muy flojito “joder, todos los moros igual, siempre al lío”. Y luego ante la actitud tajante y (pseudo)violenta del segurata pensé más flojito todavía “debe estar hasta los cojones”. Y mi voz racional me dijo “oye, pues quizás no, quizás imbéciles hay en todos lados, quizás el más imbécil ahí era el segurata o quizás no, o quizás se encontraron dos personas de sangre caliente, que anda que no hay encontronazos así entre españoles de pura cepa o entre catalanes antifascistas en situaciones de tensión”. Pero lo primero, ya lo había pensado.

…yo, la antirracista, que esperando en una cola para un control policial, se me acercó demasiado un hombre de aspecto árabe, cargado con dos bolsas y pensé “joder el puto hombre, ¿que no sabe que todos tenemos un espacio vital? Que no se me acerque tanto, hostia. Seguro que se quiere colar, joder con los moros”. No se coló, no me dijo nada, no me tocó: quizás simplemente su espacio vital era menos amplio que el mío, que, en verdad, tampoco es muy difícil.

…yo, la antirracista, que en el ferry estando pensé “menos mal que soy blanca, que soy mujer y que soy europea, menos mal que ante cualquier incidente – llámalo naufragio, llámalo atentado – seré la primera en ser rescatada por delante un ciudadano de cualquier país que esté dentro de los límites de Schengen o algo así”. (Y supongo que nunca nadie ha pensando en el tema atentado en un medio de transporte lleno de musulmanes. Nadie.)

…yo, la antirracista, que cuando me sentí sola cargué contra los africanos que siempre van a su rollo, que por mucha nacionalidad y mucho pasaporte español que tengan, la esencia negra siempre está allí. Cargué, por mis adentros, contra ese andar sobre la marcha, contra ese vivir el momento, contra ese tomárselo todo a la ligera: ¡malditos africanos y su naturaleza! Porque… ¿no será ESA persona en ESE determinado momento? Nada, mejor cagarse en todas las personas nacidas en un continente entero: más fácil, más aliviador para mi espíritu.

…yo, la antirracista, que odié el clima y la vivencia de hermandad, de comunidad, de ayuda mutua que me demostraron los africanos, simplemente porque mi modo de vida, mi forma de existir no congeniaba con eso en ese determinado momento. Yo que grité y lloré, por puro egoísmo y pura falta de atención a mi persona, porque él, negro, no prestó toda la atención que yo creía que necesitaba o merecía.

Y luego me pregunto por qué hay todavía personas machistas que se creen según qué discurso, que no ven que la lucha feminista está en el primer punto del orden del día y que las mujeres vivimos oprimidas en el día a día. Luego me pregunto por qué los hombres no deben encabezar y/o participar en la cara visible de las acciones y las luchas feministas, por qué nos encontramos en medio de acciones no mixtas, en las cuales sólo el oprimido lidera la lucha. 

Pues mierda.

Hoy me he visto en ese lado opresor. Hoy me he sentido opresora. Hoy he visto la lucha de la minoría situada entre la mayoría. Y veo, sin duda, que estamos día a día acusando, perpetuando etiquetas, quejándonos de lo personal como si fuera colectivo, echando mierda sobre uno con la excusa que es lo de todos, interpretando símbolos culturales como amenazas a nuestra existencia blanca y privilegiada. Hoy vi que podemos estar allí, apoyando y trabajando en nuestros esquemas mentales pero que, aun con eso, nuestro esquema racista está tan arraigado por dentro y por fuera, que cuesta infinito luchar de forma efectiva contra eso des de nuestras pieles.

Hoy votaré. En clave feminista, como mujer que vivo en este sistema heteropatriarcal de mierda, donde se me oprime: a mí, a mi hermana, a mi madre, a mi amiga y a todas las personas con quién comparto este barco.

Pero hoy también votaré, en clave antirracista, como persona que ha estado educada en un sistema racista y xenófobo, en el que me incluyo, mucho a mi pesar, donde no es suficiente decir “no soy racista porque tengo un amigo negro”: tengo, tenemos romper con esos moldes instalados en nuestras mentes que todavía nos permiten pensar que los moros esto, los negros eso y los asiáticos lo otro.

¡Vamos allá!

 

El camí de tornada

IMG_1472

Suposo que el dia de Nadal s’acabava de la manera que menys esperava i volia. I han passat tres dies, mentre anava buscant una pista per poder-ho pair: Roquetas cremava desesperada, cercant una resposta, una solució. Un crit enmig de la nit, esperant que algú el sentís.

El primer tret d’una guerra produïda per un odi irracional. La primera pedra tirada pel racisme i la ràbia. La ferida que mai acaba de cicatritzar i que acaba infectants a aquells que no en tenen cap culpa.

I, de sobte, tornen tots els noms que el temps anava sepultant al fons del cor. I, al tancar els ulls, com un regal de Nadal, venien tots els rostres somrients. I fa mal: sentir-los lluny, sentir-los distants. I fa sentir-te impotent i perdre la fe en moltes coses.

El David, el Mamadou. La Khadiyatu, la Maria, la Linda, l’Impate, el Limoncio, el Joseph. També l’Elliot, fins i tot, el Mohammed. I ell, l’home de poques paraules, que a vegades em diu que està bé i s’alegra si li dic que jo també ho estic. I la plaça Andalucía i cadascun d’aquells racons que obren els ulls, obren noves finestres, regalen amor, regalen vida.

El trajecte de tornada des de Roquetas va ser llarg i dur. I quan pensava que ja estava a casa, m’adono, així de cop, que, un any i mig després, encara sóc molt lluny d’acabar de recórrer aquest camí.

Tinc un amic que és mantero

L’any 1999 va morir la seva mare. No tenia pare, perquè ja havia mort quan ell era molt petit i va haver-se de buscar la vida.

Havia nascut al Senegal als anys 80, i havia crescut a la vora de les seves germanes, que les estimava amb bogeria: se li llegia als ulls. Va haver-les de deixar, juntament amb la vida al país que l’havia vist néixer i créixer. Li havien parlat del Marroc, i de com era una sortida FÀCIL cap a Europa. L’Europa de les oportunitats, de la vida, dels diners, com sempre.

No sé gaire com va ser el viatge fins al Marroc, mai he gosat preguntar. Sé que va pagar molts diners per creuar Mauritània, que a la frontera d’Algèria amb Marroc va trobar-se amb molts morts a causa d’unes explosions. Va caminar molts kilòmetres enmig del desert. Em crida l’atenció veure que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey: la policia del Marroc i Algèria no volen als subsaharians i els rebutgen de forma molt agressiva.

Les condicions fan plorar. L’únic detall explícit que dóna d’aquells dies, és quan van haver-se de beure la seva pròpia orina per no morir de set.

Abans d’arribar a territori espanyol, té tres accidents en alta mar. Misèria als seus ulls, morts sobre les seves espatlles. Sobreviu, de la mateixa manera que hauria pogut morir, com els seus amics, com els seus pares, com els seus companys de viatge: LA mar s’empassa allò que ningú vol. Les màfies l’enreden tan com poden, exprimint-lo fins la sacietat. Com si hi hagués res a exprimir. Explicava, així per sobre, que l’havien pegat, l’havien insultat, l’havien tancat ves a saber on durant hores i hores. O potser només durant uns minuts: la noció del temps és tan relativa quan hi ha patiment pel mig…

Set anys després de marxar de casa arriba a Fuerteventura. Eren 36 a la barcassa que aconsegueix arribar a port. 36 persones, incomptables nacionalitats. Moltes mirades, tantes històries.

Suposo que no era com s’ho havia imaginat. No tenia casa, no tenia ningú qui escoltar, ningú que se l’escoltés. No sé com va arribar a la península.

Va dormir al carrer, sota la pluja més d’una nit. Sospito que encara ho fa algun dia… M’explica que ara està pitjor que aleshores i tot. No té feina, no té diners per pagar el lloguer, la llum o l’aigua.

‘¡Así es la vida de un hombre valiente que no se rinde nunca!’, diu mentre riu. No té papers, malgrat haver-ho intentat gairebé 10 cops i portar una dècada per aquí. El van detenir un dia que va haver-hi incidents al seu barri i el van tenir retingut perquè sí durant 8 hores. Per ser negre. Per estar al lloc indicat, en el moment indicat. Per ser IL·LEGAL, i tota la palla mental d’aquesta gent que es creu prou superior per decidir quina persona mereix estar dins la llei i quina no.

La monotonia d’aixecar-se d’hora per veure si algú li dóna feina es veu recompensada. Pels jefes, que angoixats per la situació precària dels pagesos, fan pagar els seus nervis crispats als que encara ho tenen pitjor. ‘¡Vuelve a tu país!’ i la sèrie d’insults que sol precedir aquest imperatiu.

En mi país tratamos bien a la gente. A los de nuestro país y a los de otros. Creo que nos tratan así por nuestro color‘ diu, ingenu.

A vegades anava a vendre als mercats o als turistes que passaven per la seva ciutat. Sé que havia intentat marxar d’allà (a veure què tal l’ambient de fora) però no li havia sortit bé. I així, passa la vida que, qui dia passa any empeny.

I quan surto del metro de plaça Catalunya, sempre miro molt als qui em creuo, no fos cas que la vida t’hagués portat fins aquí, i et pogués convidar a un cafè i a un somriure. Perquè tota aquesta situació, realment, em desespera.

L’home de poques paraules

Te’n vas anar sense dir res. Fa mesos vas desaparéixer, i ningú va donar explicacions. No havíem necessitat massa temps. Ni massa paraules, de fet.

Ets home de poques paraules, ja ho sé.

T’havia costat fer-nos saber com havies vingut, potser per por a que no poguéssim mirar-te a la cara: ja devies haver sentit massa vegades les paraules ‘negro de mierda’ o ‘il·legal’ o ‘immigrant’ o ‘delinquent’. O potser perquè els records et feien massa mal. Qui sap… Però al final, tots vam saber com havies arribat a l’ansiada Europa.

Oh, la gran Europa de les igualtats i les oportunitats. La gran Europa de les infraestructures, dels somriures i del trencament de fronteres.

I una merda.

La gran Europa t’esperava, fusell en mà, perquè la teva vida valia menys que la meva. Així, perquè sí. La gran Europa que no t’havia deixat arribar en avió i havies hagut d’arreglar-te-les amb una barcassa apedaçada. La gran Europa que no t’ha deixat viure, perquè un puto paper deia que eres il·legal. La gran Europa que t’ha obligat a treballar en negre de forma pseudoesclava. Que t’ha cremat l’esquena de treballar de sol a sol, sota i sobre els plàstics dels hivernacles. Oh, la gran Europa que t’ha fet viure en la misèria durant tants anys, que t’ha mirat malament quan caminaves pel carrer, que canviava de vorera quan es creuava amb tu de nit. La gran Europa multicultural i respectuosa, inclusiva i feliç, que va fer orelles sordes quan intentaves fer sentir la teva veu. La gran Europa, que sembla que parli de mitjons bruts, quan tenen entre mans la vida de tantes persones.

I ara, has desaparegut. Qui sap de qui és culpa. Segurament d’aquesta societat morta, que un dia et va curtir com un lluitador invencible. Amb una carcassa dura, que semblava que ja res et podia ferir. Ens vas ensenyar tant… I ara no hi ets.

No tot s’acaba quan aconsegueixes arribar a l’altre costat de Mediterrani, saps?

I tot i que eres un home de poques paraules, quan em deies que estaves bé, em feies feliç. T’enyoro.