la misma luna

Sólo recuerdo la manera en que el manto azul oscuro iba cubriendo el cielo de Valle Dulce: de una forma sutil y lenta. No te dabas cuenta que los ojos ya no sabían cómo ver las cosas porqué todo tu alrededor había sucumbido a la oscuridad de forma sumisa, lenta y obediente. Quien estaba fuera entraba para dentro, alertados por las voces que nos decían “de noche, mejor no andar por ahí”.

Y recuerdo también aquel atardecer en concreto. Quizás fue el primero en el que llegaron las Toñas a nuestro hogar. Un atardecer dónde toda Nicaragua entró en mí, absorta en la historia de un país olvidado. Absorta en las palabras que salían directas des del corazón y en esos ojos marrones que esa noche se quedaron un ratito más, porque la ruta pasaba más tarde. De cómo la realidad se empezó a volver algo difusa… yo diría que por el calor, pero seguramente fue por el exceso de cerveza. De cómo sé que le gustó que le escuchara, porque sé que ama su historia. De cuando le vi irse, quizás deseando que nunca se acabase el relato…

Pero al mirar el cielo, siempre pienso que no se está demasiado lejos si se ve la misma luna.

Día 314 d.M. 

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